Un mes con Pier Francesco Orsini

BomarzoEl escritor argentino, (nacionalizado español), Manuel Múgica Láinez, autor de muchas otras novelas de renombre como: El Unicornio, (Seix Barral-1969), o El Escarabajo, (Plaza&Janés-1982), realizó en los años cincuenta un viaje a la aldea italiana de Bomarzo, (cercana a Roma; en la región de Viterbo). Atraído seguramente por el mágico e intrigante encanto alegórico del Parque de los Monstruos de Bomarzo, situado dentro de la finca del palacio de los Orsini, morada del duque de Bomarzo durante la última mitad del siglo XVI en plena decadencia del renacimiento italiano, Múgica Láinez describe en su libro el personaje de Vincino Orsini, de cuya atormentada mente nacieron las suntuosas y alegóricas efigies que conforman el lugar. Más tarde escribió en 1962 su célebre obra Bomarzo, en la que trata estos y otros muchos asuntos, relacionados todos con la apasionante vida del duque. Cabe destacar que la biografía del duque que se presenta, no es totalmente verídica. La mayor parte de ella es contada en el libro con la mera excusa de dar a conocer el estilo de vida propio del renacimiento, de presentar el lector un texto cuya intención se basa en explicar esta etapa.

El duque fue, ante todo, un noble. Y, (obviamente), no es lo mismo que te cuente el renacimiento un noble que el de una persona de a pie. En Roma, (al igual que en la Florencia los Médicis), los Colonna y los Orsini rivalizaban en todo tipo de cuestiones en general, con respecto a muchos aspectos de la vida, de la política de la ciudad, de sus vínculos genealógicos o de virtudes artísticas e importancia y origen de sus respectivas familias. En este caso, el protagonista, el duque de Bomarzo y príncipe Orsini Pier Francesco, apodado “Vincino” por sus allegados, es hijo del gran condotiero Gian Corrado Orsini, también duque, y descendiente de personalidades influyentes en la vida social del renacimiento. Nieto de Cardenales, hijo de condotieros, descendiente de Papas, artistas, militares y escritores…

El joven duque es educado dentro de un mundo intrigante, lleno de literatura y música, de política y drama, pero siempre detrás de un manto de complejos y tormentos, fruto de la joroba que desde su nacimiento poseía en la espalda. Este corriente amorfismo de la época, es utilizado para descubrir al lector todos los pensamientos taciturnos y melancólicos derivados posteriormente de la mente del personaje. Desde un primer momento, el joven príncipe Orsini no es tratado del mismo modo que sus hermanos, y es privado de las ventajas que supone ser hijo de un duque de la época. Por esa razón, su atormentada personalidad renacentista se refugia entre los libros de la época, las historias de los sirvientes, sus colecciones y aficiones, el pensamiento y la reflexión, y los relatos que su querida abuela le contaba, narrando el “mitológico y divino” origen de su estirpe, la importancia y antigüedad de esta, y la grandeza y las hazañas de sus antepasados. Motivado por esto, el joven noble comienza a darse cuenta de su verdadera posición, y llevando una vida relativamente normal bajo sus complejos físicos y psicológicos, (pues jamás dejaron de atormentarle y fueron posteriormente fruto de su enfermiza misantropía y decadencia mental), persigue una nueva vida de cortesano, educándose en las casas de los Farnese y los Médicis florentinos, participando en discusiones literarias, viajando por la Península Itálica, decorando sus posesiones y aprendiendo de maestros y profesionales de diversos campos… Empieza además a relacionarse con nuevas gentes, y posteriores experiencias vividas entonces, fueron las que le hicieron desconfiar en el futuro de ellas.

Bomarzo2Se inicia en el mecenazgo de arte y en el seguimiento de la moda decorativa y artística, y comienza a llevar una vida pública bastante típica en la época. Es en esta parte donde el autor hace hincapié en el contexto que rodea al personaje, para describirnos el mundo del renacimiento. En cuanto a la política, la iglesia constituía un estado más, como cualquier otro, y funcionaba como tal. En la sociedad, la gente seguía un modelo de conducta impulsado por las cortes de las grandes familias nobles de Florencia, Roma, o Venecia. La “hipocresía” jugaba un papel bastante notable en el desarrollo de la vida pública. Si un noble, por ejemplo, odiaba a muerte a cierto personaje de carácter relevante y distintivo, invitaba a sus banquetes y celebraciones a este para dar envidia a otra familia rival.

Volviendo a nuestro personaje, cabe destacar que ante todo él fue un amante de la belleza, un alma atormentada, y, un hombre de su tiempo. La imagen atractiva que jamás aparentó, era representada por los artistas que le retrataban para conferir un aspecto distinguido y jovial a sus descendientes y a sus contemporáneos. Su padre murió con gloria en el frente, y, aunque el ducado no le correspondía, su ansia por aparentar algo que no le estaba reservado le condujo a llevar a cabo el asesinato de su hermano mayor, agraciado físicamente y mejor valorado. Esto hizo que fuera nombrado duque de Bomarzo, su palacio. A partir de entonces, se desencadenaron una serie de sucesos que marcarían su vida…

Casó con Giulia Farnese, de gran belleza y deseada por muchos otros cortesanos para la unión de sus nobles familias. Esta le engañó con su propio hermano menor Maerbale, a quien posteriormente envenenó en un acto de venganza. Fruto de esta fugaz relación nació Horacio Orsini, bastardo de la duquesa, quien sumió la vida del duque en un completo tormento. Este engaño y el nacimiento del niño, produjeron que el duque se olvidara de sus viajes, su relevancia social, su posición, de la literatura, del arte y de muchas más cosas.

Su abuela, único apoyo moral que le quedaba, murió ese mismo año, y antiguos amigos y conocidos a quien el duque frecuentó durante sus viajes por las cortes italianas, comenzaron a desprenderse de él e incluso a humillarle. Esto sumió a Pier Francesco en una profunda depresión enfermiza de la que jamás se recuperó. Acomplejado siempre por su giba y su apariencia física, (no muy agradable), el duque se encerró en sí mismo y comenzó a imaginar diversas ideas que, aun no comunicándoselas a nadie, germinaron en su mente durante el paso de los años, y confluyeron en esas alegóricas imágenes representadas sobre la piedra en el Sacro Bosque del Parque de los Monstruos de Bomarzo, que ahora el visitante puede contemplar.

Armado con una imponente armadura de nobles metales decorada con perlas y piedras preciosas, la frágil figura de Vincino Orsini partió al frente. Allí, ¡cómo no!, descubrió que la guerra tampoco era su mundo y, tras un año visitando diversos frentes en calidad de capitán, decidió volver a su Bomarzo. De nuevo había recordado la importancia del arte y de la literatura en su vida, los cuales suponían un refugio para él. Una vez en Bomarzo, el duque, acompañado ahora de nuevos personajes de la época, (algunos conocidos), conformaron una pequeña aunque distinguida corte “intelectual” que llegó a ser célebre en la época. El duque, ya limitado por la edad, fue el encargado del mecenazgo de las últimas obras de Miguel Ángel Buonarotti, entre muchos otros, a quienes confío el nuevo proyecto de redecoración de Bomarzo.

bomarzo (1)Una de las obras que destacaron en esta serie de remodelaciones fue la creación del ninfeo de Bomarzo. Como sabrán, el renacimiento, como la propia palabra indica, consiste básicamente y en términos generales en el renacer de la época clásica, (Grecia y Roma). De nuevo, el noble italiano debía apoyarse en la edificación de nuevos monumentos clásicos que sirvieran de símbolo distintivo. Por ello, Pier Francesco diseñó un templo descubierto en el jardín en el que figuraban un estanque, fuentes, y diversas efigies de pequeño tamaño que correspondían a imágenes o representaciones de ninfas, dioses, o héroes clásicos. De este modo, cuando se celebraran recepciones en el jardín o grandes fiestas en el palacio de Bomarzo, quedaría demostrado el compromiso y la entrega en este caso del duque, por el arte y la moda de la época, así como la representación y mecenazgo de nuevos y jóvenes artistas, (sobre todo escultores y pintores) desconocidos, de quienes los nobles presumían de haber descubierto, en favor del arte.

La esposa del duque, Giulia Farnese, falleció por esas fechas, y el duque sumió de nuevo en otra depresión, comprendiendo lo que ella había supuesto para la manutención y desarrollo del palacio y de la casa Orsini durante tantos años. Una de las primeras construcciones que destacaron en lo que próximamente sería el bosque de los monstruos, fue el templo de columnas y cúpula que dedicó a la figura de su esposa.

Se casó por orden del Papa, en segundas nupcias, con Cleria Clementini, de noble familia y ascendencia española, a quien llegó a temer y odiar, suponiendo que su única intención era suplantar violenta y arrogantemente a la querida figura de su anterior esposa, Giulia. Esta se alió con antiguas amistades peligrosas del duque, corroída seguramente por la envidia y harta posiblemente de su inestable conducta, para apoderarse futuramente de las posesiones del Orsini, y arrebatarle definitivamente su único sustento de vida. Pero el duque, ajeno a todo esto, continuó supervisando las tareas de remodelación del palacio, y se iniciaron las obras de construcción del bosque de los monstruos.

Bomarzo3De la frágil estabilidad mental de Pier Francesco Orsini, que desde la infancia había ahuyentado a multitud de amistades, surgieron los diseños de los futuros monstruos que conformarían el parque. Estos fueron plasmados sobre el papel por un joven discípulo de. Con el paso del tiempo, los otros escultores que participaron en la construcción del complejo, labraron la roca a gusto del duque, quien veía en estas alegóricas, misteriosas, y sobre todo originales efigies, recuerdos del pasado y hechos de su vida que, de alguna manera, conseguirían sobrevivir a su creador, el duque de Bomarzo, Pier Francesco “Vincino” Orsini…

Finalmente, en la recta final de su vida, el príncipe Orsini confío la herencia de su palacio a los hijos por quienes más aprecio sentía, y, tras haber finalizado las obras del sacro bosque de los monstruos, conocido entonces por todos los rincones de Italia, como símbolo indiscutible de la excentricidad e introvertismo del duque “trastornado”, Vincino, obsesionado también con su legado, y la inmortalidad que le habían augurado en el horóscopo de su nacimiento, partió definitivamente al frente en la batalla de Lepanto, dispuesto a morir con Gloria apoyando al emperador y a sus ejércitos. Finalmente, y tras sobrevivir a la batalla, murió envenenado por el hijo de su hermano, en venganza de su padre, a quien el propio duque había asesinado, en Bomarzo.

La vida de este personaje, desconocido, y seguramente muy similar a otras vidas del renacimiento, esconde las historias que hoy reflejan las alegóricas esculturas de Bomarzo. Su conducta, su imagen, el desarrollo de los acontecimientos de su vida, todo… Evoca a la figura de (una vez más), un hombre de su tiempo; un hombre del renacimiento.

Sobre Miguel Ángel García Saro